Chat y Ran crecen bajo el mismo techo tras la unión de sus familias, en un hogar donde el cariño escasea y la distancia parece marcar su relación desde el principio. Sin embargo, la convivencia diaria y los años compartidos van tejiendo un vínculo que poco a poco se aleja de la simple relación fraternal que se esperaba de ellas.
Conscientes de lo que la sociedad y su propia familia esperarían de ellas, ambas intentan contener lo que sienten, convencidas de que es mejor reprimir esas emociones antes de que compliquen aún más sus vidas. Pero el corazón no siempre obedece a la razón, y Chat y Ran terminan por descubrir que lo que sentían no podían seguir ignorándolo.